By Manuel Segura

‘Mi brazo, mi motor, mi combustible y soledad’

Una de las leyendas negras de la música brasileña es la de Elis Regina. Han pasado casi 30 años de su extraña muerte, sin que aún se sepa a ciencia cierta si fueron las drogas u otras las causas de su prematura ausencia, cuando apenas contaba 36 años de edad. Elis Regina Carvalho Costa había nacido en Porto Alegre en 1945. Pronto se enroló en el mundo de la canción, en un país donde decir música es sinónimo de la propia idiosincrasia nacional. En su corta pero procelosa vida tuvo aún tiempo de editar, junto a Tom Jobim, el que para muchos pasa por ser la biblia de la bossa nova: se trata del álbum Elis & Tom. Ella, que decía que cantar era como un sacerdocio, también dejó dicho que puesta entre la espada y la pared, siempre se lanzaría hacia la espada. Cuesta trabajo, escuchándola y viéndola interpretar este tema del imprescindible Armando Manzanero y en la que sería su última grabación, que su existir fuese un tormentoso vendaval del que no pudo salir inmune. Y a lo peor ya nos dio una pista cuando dejó caer una vez que la música era su brazo, su motor, su combustible y también su soledad. Qué estúpidos, que no supimos entenderla.

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