By Manuel Segura

EN LA MUERTE DE UN CÓMICO

Hizo de todo -o casi de todo- en el cine español. Durante décadas acaparó las carteleras de aquellas películas que entonces se acometían. Pero José Luis López Vázquez fue un actor de cuerpo entero, capaz de filmar como nadie lo que despectivamente se dio en llamar españoladas, contraponiéndolas a genialidades dirigidas por legendarios realizadores, como en El pisito, El verdugo, Plácido, Peppermint frappé, Mi querida señorita, La prima Angélica… o en televisión, con La cabina.

Hoy ha muerto a la temprana edad de 87 años. Los cómicos no deberían morirse nunca. Ni él, ni Fernán Gómez, ni Isbert, ni Martínez Soria… Ha agotado la existencia en su casa madrileña, desde que viera la luz en 1922 frente al céntrico cine Doré. Allí contemplaba a Buster Keaton quien, sin duda, le dejaría su impronta. Y se ha ido, dicen las crónicas, dando la mano a su, bella expresión, amor tardío: Carmen de la Maza, una de las actrices más elegantes que en su historia dará el celuloide. Descanse en paz.

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