By Manuel Segura

La chica de la maleta

Pocos rostros han sido tan agradecidos para una cámara. Desde su Túnez natal, saltó casi adolescente a Roma por imperativos de su belleza. Trabajó a las órdenes de Visconti, de Fellini, de Comencini, de Zurlini… Fue, en esas sus historias, madre, viuda, prostituta… Bob Dylan la eligió (sin su permiso) para la portada de uno de sus álbumes. En El Gatopardo era necesario que algo cambiase para que todo siguiera igual. La Berlinale, en 2002, le otorgó el Oso de Oro a toda una vida cinematográfica. Cuando, ya madura, alguien le preguntó por su táctica y estrategia en el terreno de la seducción, ella respondió: «Decir no, no, no. Y ellos, el cine y los hombres, volvían a por mí». Es ella: es Claudia Cardinale.

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