LA COGIDA DEL ‘GLADIADOR’ JOSÉ TOMÁS
Completaba José Tomás la faena a su primero de la tarde cuando el morlaco lo cogió de forma inesperada. Apenas unos metros delante de mí, Manolo Gambín estaba presto con su cámara, al pie del tendido. Comenzó a disparar instintivamente, con ese olfato que sólo los profesionales apasionados de la imagen conservan, y grabó la secuencia. El toro volteaba al diestro de Galapagar como si de un polichinela se tratara y, por suerte, apenas le rompió la taleguilla y la camisa. Se reahace, con la cara ensangrentada por el flujo del astado, y prosigue con su trabajo. Saca algunos pases que enfervorizan al respetable y mata de estoque casi impecable. Dos orejas le concede la presidencia, sin excesiva insistencia de pañuelos en los graderíos. Y luego no quiso salir a hombros, por la puerta grande, como pretendieron evacuarlo de La Condomina, entrada ya la noche murciana que consume sus fiestas septembrinas.
