By Manuel Segura

Media hora con ‘Laszy’ Kubala

Murcia, 1987 

Ladislao Kubala llegó a Murcia en la temporada 1986-87 cuando el equipo local dormitaba en la Primera División del fútbol español a la que había retornado de la mano de un joven técnico de la tierra, Vicente Carlos Campillo, al que le vino grande la categoría.

Vivió durante el pírrico mes que entrenó al club grana en el hotel Hispano. Allí residía y en su prestigiado restaurante comía. Un mediodía, cuando los teléfonos móviles eran prohibitivos en nuestro país, le localicé a la hora del almuerzo. El diario La Vanguardia me había encargado entrevistarle, sin duda por las importantes connotaciones que el ex jugador y ex entrenador del F.C. Barcelona tenía para la audiencia catalana. En el Camp Nou jugó once temporadas, en las que ganó cuatro Ligas, cinco Copas del Generalísimo y dos de Ferias.

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-Hotel Hispano, dígame

-Buenas tardes. Quisiera hablar con don Ladislao Kubala. 

-Un momento, por favor. 

Tras unos segundos, el telefonista vuelve a estar al otro lado de la línea. 

-El señor Kubala está comiendo en el restaurante. Le paso. 

La voz de un camarero, responde. 

-Restaurante, buenas tardes. 

-Buenas tardes. Mire, quisiera hablar con don Ladislao Kubala. Soy un periodista de La Vanguardia de Barcelona que querría entrevistarle. 

-Sí, sí, de acuerdo. Le paso el teléfono inalámbrico. 

Hubo una breve pausa y, tras ella, oí de forma nítida la voz de Laszy

-¿Quién es? 

-Buenas tardes, don Ladislao. Soy Manuel Segura, corresponsal deportivo de La Vanguardia aquí en Murcia. Mi periódico me ha encargado que le entreviste. Tienen mucho interés en que nos cuente sus impresiones tras retornar al fútbol español. ¿Cuándo podríamos hablar? 

-Bueno, mire, yo ahora estoy comiendo. Si quiere, mañana le espero tras el entrenamiento. Comenzamos a las 10. Sobre las 12 y media estaría bien. 

-Gracias, don Ladislao. Allí nos vemos. Un saludo. 

-Adiós, adiós. 

Esa fue la forma de contactar. Al día siguiente, día espléndido en la Murcia de 1987, con un sol radiante y algunos aficionados presenciando el entrenamiento, me trasladé hasta las instalaciones donde la primera plantilla se ejercitaba. Al concluir la sesión, abordé al técnico. 

-Señor Kubala, soy Segura, de La Vanguardia, hablamos ayer, ¿recuerda? 

-Sí, sí. Déjeme un momento que me duche y enseguida estoy con usted… O mejor, no. Mire, tengo una cita dentro de una hora. Pase conmigo al vestuario y hacemos la entrevista mientras me aseo. 

Aquello me pareció un gesto de notable confianza. Entré con él y encendí mi magnetófono. Kubala se despojó de la ropa sudada y pude contemplar que a sus 60 años seguía teniendo el cuerpo del atleta que fue. 

-Pregunte, pregunte, me dijo, mientras se introducía en la ducha del vestuario. Me pareció la entrevista más atípica de mi vida. Pero la hice. 

-Don Ladislao, ¿qué le ha llevado a venir a entrenar a Murcia tras su amplia experiencia en grandes equipos y en la selección nacional? 

-Bueno, mire, tras pasar varios años en Arabia Saudí quise volver. Allí el fútbol está empezando y necesitan que se les asesore. Es posible que el día de mañana sean algo en este mundo, pero aún les falta mucho. Los directivos del Real Murcia contactaron conmigo porque el equipo atraviesa un mal momento y aquí estoy. A ver qué puedo hacer para remediar la situación. 

-¿Cómo han sido estos años en Arabia? 

-He estado allí desde 1982. En total cuatro años en el equipo de Al Hilal, al que hemos llevado al subcampeonato de Liga y semifinalista de la Copa. Ha sido una experiencia gratificante. Los chavales tienen mucha ilusión pero a veces el dinero no lo es todo en la vida. 

-¿Qué recuerdos tiene de sus comienzos como futbolista? 

-Comencé en la Escuela de la Federación húngara, llegué en la etapa infantil con sólo 11 años al Ganz, un modesto equipo de la tercera división húngara donde jugué entre 1939 y 1944; de allí con 17 años pasé al Ferencvaros, de Primera, y con 18 a la selección. 

-Es usted uno de los pocos futbolistas que ha jugado en tres selecciones nacionales. También jugó en la checoslovaca. ¿Es así? 

-Sí. Tras el fallecimiento de mi padre, emigramos a Bratislava, de donde procedía mi madre, de origen eslovaco. Me incorporé al equipo de allí y me dieron la nacionalidad checoslovaca, lo que me permitió debutar con aquella selección. 

-Todavía volvería a jugar con Hungría. ¿Cómo fue? 

-Fue tras fichar otra vez por el Vasas  (antes, Ferencvaros), por lo que volví a jugar con la selección húngara.  

-¿Qué le llevó a abandonar su país en 1948? 

-Me encontraba asfixiado por la rigidez del régimen comunista, que entre otras cosas no me permitía reencontrarme con mi mujer, Violeta, y con mi hijo, Branko, que era un recién nacido, y que se encontraban en Checoslovaquia.

Ladislao Kubala estaba casado con Violeta Daucikova, hermana del que fuera entrenador del Barcelona Fernando Daucik, con la que tuvo tres hijos: Branko nacido en Sahi (Eslovaquia), en 1948; Ladislao, en Milán (Italia), en 1949; y Carlos, en Barcelona, en 1959. 

-Le costó volver a jugar ya que la FIFA no le autorizaba ante la negativa de su club de procedencia, el Vasas, a darle la baja. 

-Sí. Llegamos a juntarnos un grupo de futbolistas huidos de diversos países del telón de acero y formamos el Hungaria, con el que jugamos partidos de exhibición por Europa. El Madrid y el Barcelona se fijaron en mí. Pero fue este último el que se decidió y su secretario técnico, Pepe Samitier, quien quiso que yo jugara allí. Debuté en 1951 en partido de Copa contra el Sevilla. Ese año ganamos el torneo. 

-Una de sus tardes más aciagas debió ser la de la final de la Copa de Europa de 1961… 

-Es verdad. Perdimos 3 a 2 con el Benfica portugués. Yo no tuve muy buena suerte, que digamos. Estrellé cuatro balones en la madera y fallé otras tantas ocasiones. Pudimos golear y, sin embargo, perdimos. Cosas del fútbol. 

-Fueron 68 los encuentros dirigidos por Kubala en el combinado nacional, 36 de ellos oficiales, de los que ganó 31, empató 21 y perdió 16. ¿Qué balance hace de su etapa de seleccionador en un país que tiene treinta y tantos millones de seleccionadores? 

-Je, je… es verdad. Fueron casi once años inolvidables. Cogí a la selección en octubre de 1969 y la dejé en junio de 1980. No pudimos clasificarnos para el Mundial de Alemania 74. Sí lo hicimos para Argentina 78, aunque caímos en la primera fase ante Austria. Me destituyeron tras ser eliminados de la Eurocopa del 80 que se jugó en Italia. Pero tengo un muy buen recuerdo de aquellos años. Conocí a gente magnífica, a deportistas y a personas muy valiosas. 

-¿Qué le queda por hacer aún? 

-Bueno, intento cuidarme, hacer ejercicio, gimnasia, montar en bicicleta, sigo jugando al fútbol… Imagino que el día que deje todo esto me retiraré y estaré con mi familia, con mis nietos. Es ley de vida. 

-Gracias, don Ladislao. 

-De nada. 

Y terminó de secarse y vestirse para acudir a la cita que tenía pendiente. Me pareció Ladislao Kubala, en la escasa media hora que pasé con él, todo un caballero con su leyenda a rastras.

Murió quince años después, en 2002, a los 74 años de edad y con la salud severamente deteriorada.

[Entrevista para La Vanguardia de Barcelona. 1987] 

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